Hay pensamientos que no se van. Que vuelven solos, una y otra vez, aunque uno no quiera. Que interrumpen el descanso, que ocupan espacio en momentos en los que no deberían estar, que generan una angustia desproporcionada respecto a lo que realmente está pasando. Eso es una obsesión.
No hace falta tener un diagnóstico concreto para reconocerlo. Las obsesiones son un patrón mental que aparece en contextos muy distintos y que muchas personas no identifican como tal porque no encajan con la imagen clásica que se tiene de este problema.
Las obsesiones no tienen una sola cara.
A veces son los celos. La misma pregunta que vuelve cien veces. La necesidad de comprobar, de preguntar, de buscar tranquilidad que dura cinco minutos y vuelve a desaparecer. No es desconfianza hacia la pareja — o no solo eso. Es un mecanismo mental que se ha disparado y que ya no responde a la lógica.
A veces son los pensamientos tras una ruptura. La cabeza que reproduce conversaciones, que busca señales, que construye escenarios, que no puede soltar. Una y otra vez. Aunque uno sepa que no sirve de nada.
A veces son las obsesiones en torno al cuerpo, al peso o a la comida. El pensamiento constante sobre lo que se ha comido, lo que se va a comer, cómo está el cuerpo, qué dice la báscula. Una vigilancia mental agotadora que ocupa mucho más espacio del que debería.
A veces son las obsesiones ligadas a la infertilidad o a los procesos de búsqueda de embarazo. El ciclo que se convierte en el centro de todo. La espera que se transforma en una fuente de angustia constante, de interpretación de cada síntoma, de pensamientos que no dan tregua.
A veces son preocupaciones sobre la salud, sobre el futuro, sobre si se está tomando la decisión correcta. Pensamientos que se instalan y que la persona intenta neutralizar con más pensamientos, con comprobaciones, con búsquedas en internet que no tranquilizan sino que alimentan el ciclo.
El patrón es siempre el mismo: un pensamiento que vuelve solo, que genera malestar, que lleva a hacer algo para aliviar ese malestar — comprobar, preguntar, evitar, rumiar — y que al poco tiempo vuelve con la misma fuerza o con más.
¿Cómo trabajamos las obsesiones?
Primero entendemos qué está pasando. No qué etiqueta le ponemos, sino cómo funciona ese patrón en tu caso concreto: qué lo dispara, qué lo mantiene, qué intentas hacer para aliviar el malestar y por qué eso no funciona a largo plazo.
A partir de ahí trabajamos con enfoques terapéuticos con respaldo científico específicamente diseñados para interrumpir estos ciclos: la terapia cognitivo-conductual, la terapia de exposición con prevención de respuesta y la terapia de aceptación y compromiso, entre otros. El objetivo no es que los pensamientos desaparezcan — los pensamientos no se pueden controlar directamente — sino que dejen de tener tanto poder sobre ti.
¿Cuánto dura el tratamiento?
Depende de la intensidad y del tiempo que lleve instalado el patrón. Tras la evaluación inicial te daremos una orientación realista. Lo que sí podemos decirte es que las obsesiones responden bien al tratamiento psicológico cuando se trabaja de forma estructurada.
Si te has reconocido en algo de lo que describes aquí, eso ya es información importante. No hace falta que sea muy grave para pedir ayuda. Cuanto antes se trabaja, más fácil es interrumpir el ciclo.
Atendemos de forma presencial en nuestra consulta de la Avenida Príncipe de Asturias 2, local 3, 30107 Guadalupe, Murcia, y de forma online para personas en cualquier punto de España y el extranjero. Teléfono: 665 692 132.
