Psicología Infantil y Adolescente

Los niños y los adolescentes no siempre pueden poner palabras a lo que les pasa. A veces lo expresan con el comportamiento. A veces con el cuerpo. A veces con el silencio. A veces con una rabieta, una negativa, un rendimiento escolar que cae sin explicación aparente, una tristeza que no encaja con la edad o una angustia que no saben de dónde viene.

Cuando un niño o un adolescente no está bien, toda la familia lo nota. Y muchas veces la familia tampoco sabe qué hacer.

En Juan Flores Psicólogos trabajamos con población infantil y adolescente desde un enfoque amplio que abarca tanto los problemas emocionales y de conducta como las dificultades del neurodesarrollo y el aprendizaje. Cada niño y cada adolescente es diferente, y el trabajo terapéutico se adapta siempre a su edad, su momento evolutivo y su forma particular de estar en el mundo.

¿Con qué trabajamos?

Problemas emocionales. Miedos y fobias, ansiedad infantil, tristeza persistente, baja autoestima, inseguridad, dificultades para gestionar las emociones, irritabilidad, cambios bruscos de humor. Emociones que el niño o el adolescente no sabe manejar y que se desbordan de formas que generan malestar para él y para quienes le rodean.

Problemas de conducta. Desobediencia persistente, rabietas de alta intensidad o que no corresponden a la edad, agresividad, oposicionismo, dificultad para aceptar límites, comportamientos disruptivos en casa o en el colegio. Conductas que van más allá de lo esperable y que están afectando a la convivencia familiar y escolar.

TDAH y dificultades de atención. Dificultad para mantener la atención, impulsividad, hiperactividad, desorganización, olvidos frecuentes, problemas para terminar las tareas. Trabajamos tanto la evaluación como la intervención, y coordinamos con el entorno escolar cuando es necesario.

Dificultades de aprendizaje. Dislexia, discalculia, dificultades en la lectoescritura, bajo rendimiento escolar que no se explica por falta de capacidad. Evaluamos qué está pasando y diseñamos un plan de trabajo que incluye orientaciones para la familia y el colegio.

Acoso escolar. Tanto si el niño o adolescente está siendo víctima de acoso como si hay indicios de que está participando en conductas de acoso hacia otros. Una situación que requiere intervención rápida y coordinada con el entorno escolar y familiar.

Ansiedad escolar y rechazo al colegio. Miedo a ir al colegio, quejas físicas recurrentes antes de entrar en clase, llanto, evitación. Una de las consultas más frecuentes y que tiene una respuesta terapéutica eficaz cuando se trabaja a tiempo.

Problemas de sueño. Dificultad para dormir solo, pesadillas frecuentes, terrores nocturnos, resistencia a la hora de dormir. El sueño es fundamental para el desarrollo emocional y cognitivo del niño y cuando se altera merece atención.

Desarrollo y neurodesarrollo. Retrasos en el desarrollo del lenguaje, dificultades en las habilidades sociales, rasgos del espectro autista, altas capacidades. Evaluamos, orientamos y acompañamos tanto al niño como a la familia en la comprensión y el manejo de estas situaciones.

Situaciones vitales difíciles. Separación de los padres, pérdida de un familiar, cambio de colegio, nacimiento de un hermano, acogida o adopción. Los niños y los adolescentes también necesitan ayuda para procesar los cambios y las pérdidas, aunque no siempre lo pidan con palabras.

Adolescencia y construcción de la identidad. La adolescencia es un periodo de cambio profundo: en el cuerpo, en las relaciones, en la forma de verse a uno mismo y al mundo. Cuando ese proceso se complica — por presión social, dificultades en las relaciones con los iguales, dudas sobre la identidad, primeras experiencias de ruptura o fracaso — la terapia puede ser un espacio valioso de acompañamiento.

¿Cómo es el trabajo con niños y adolescentes?

Con los niños más pequeños el trabajo terapéutico no siempre pasa por la conversación. Usamos el juego, el dibujo y otras herramientas adaptadas a su edad y a su forma de comunicarse. Con los adolescentes el enfoque es diferente: requieren un espacio propio, sin la presencia de los padres, donde puedan hablar con libertad y confidencialidad.

En todos los casos la familia forma parte del proceso. No como observadores sino como parte activa: orientamos a los padres, trabajamos las dinámicas familiares cuando es necesario y coordinamos con el entorno escolar cuando el caso lo requiere.

Una nota para los padres.

Pedir ayuda para un hijo no significa haber fallado como padre o madre. Significa estar pendiente. La mayoría de los problemas emocionales y de conducta en la infancia y la adolescencia tienen muy buena respuesta terapéutica cuando se trabajan a tiempo. Cuanto antes se consulta, más fácil es el proceso.

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