El estrés no es malo en sí mismo. Es una respuesta del organismo diseñada para ayudarnos a afrontar situaciones exigentes. El problema aparece cuando esa respuesta se activa de forma crónica, cuando el cuerpo y la mente llevan demasiado tiempo en alerta y ya no saben cómo salir de ahí.
Vivimos en una cultura que ha normalizado el estrés hasta el punto de convertirlo en una señal de éxito. Estar ocupado, estar siempre disponible, no parar. Hasta que el cuerpo para solo.
¿Cuándo el estrés se convierte en un problema?
Cuando ya no es una respuesta puntual a una situación concreta sino un estado permanente. Cuando afecta al sueño, a la concentración, a las relaciones, al cuerpo. Cuando uno lleva meses funcionando al límite y siente que cualquier cosa puede ser la que lo rompa.
El burnout es el extremo de ese proceso. No es solo cansancio. Es un agotamiento profundo — físico, emocional y mental — que aparece cuando la persona ha dado durante demasiado tiempo más de lo que podía dar. Se asocia habitualmente al ámbito laboral, pero puede aparecer también en el cuidado de otros, en la maternidad o paternidad, en situaciones de sobrecarga sostenida de cualquier tipo.
Las señales no siempre son obvias.
A veces es irritabilidad constante, la sensación de que todo molesta y que uno reacciona de forma desproporcionada. A veces es una desconexión progresiva, una apatía que va creciendo, la pérdida de motivación por cosas que antes importaban. A veces son síntomas físicos: tensión muscular, dolores de cabeza, problemas digestivos, insomnio. A veces es simplemente la sensación de estar al límite sin saber muy bien por qué.
¿Cómo trabajamos el estrés y el burnout?
Primero entendemos qué está pasando: qué lo está generando, cómo lo está gestionando la persona y qué está costando ese esfuerzo. No todos los estrés son iguales ni tienen el mismo origen.
A partir de ahí trabajamos con herramientas terapéuticas con respaldo científico: técnicas de regulación emocional, reestructuración cognitiva, gestión del tiempo y los límites, trabajo con valores y prioridades, y cuando es necesario, una revisión más profunda de la forma en que la persona se relaciona con la exigencia, el rendimiento y el descanso.
No se trata solo de aprender a relajarse. Se trata de entender por qué uno no puede parar y trabajar eso desde la raíz.
¿Y si el problema es el trabajo?
El estrés laboral y el burnout tienen una dimensión individual y una dimensión contextual. No siempre se puede cambiar el entorno, pero sí se puede cambiar la forma en que uno se relaciona con él, los límites que pone, las expectativas que gestiona y el espacio que se permite para recuperarse.
En algunos casos la terapia ayuda también a tomar decisiones que llevan tiempo pendientes: cambiar de trabajo, poner límites que se han evitado, reorganizar prioridades. Decisiones que la persona sabe que necesita tomar pero que el agotamiento ha ido postergando.
Atendemos de forma presencial en nuestra consulta de la Avenida Príncipe de Asturias 2, local 3, 30107 Guadalupe, Murcia, y de forma online para personas en cualquier punto de España y el extranjero. Teléfono: 665 692 132.
