Trauma y Duelo

Hay experiencias que dejan huella. No porque la persona sea débil, sino porque lo que vivió fue demasiado para ser procesado en su momento. El trauma no es lo que pasó. Es lo que quedó dentro después de que pasara.

A veces el origen es evidente: un accidente, una agresión, una pérdida repentina, una experiencia de violencia. Otras veces es más difuso: una infancia en la que no se estuvo seguro, una relación que dejó daño acumulado, años de vivir en un entorno emocionalmente exigente o impredecible. El trauma no necesita un único momento dramático para existir.

Lo que sí tienen en común todas las experiencias traumáticas es que el sistema nervioso no pudo terminar de procesarlas. Y eso deja rastro: en la forma en que uno reacciona ante ciertas situaciones, en los recuerdos que vuelven sin ser invitados, en la dificultad para confiar, para relajarse, para sentirse seguro.

¿Cómo se manifiesta el trauma?

No siempre de la forma que uno esperaría. A veces son flashbacks o pesadillas. A veces es una hipervigilancia constante, la sensación de estar siempre en alerta. A veces es justo lo contrario: una desconexión, una dificultad para sentir, como si hubiera un cristal entre uno y su propia vida. A veces son reacciones desproporcionadas ante situaciones cotidianas que recuerdan, aunque sea de forma inconsciente, a lo que pasó.

Y a veces el trauma se disfraza de otra cosa: ansiedad crónica, dificultades en las relaciones, baja autoestima, sensación permanente de no estar bien sin saber muy bien por qué.

El duelo.

Perder a alguien o algo importante — una persona, una relación, una etapa de la vida, una capacidad, un proyecto — es una de las experiencias más universales y al mismo tiempo más solitarias que existen. El duelo no tiene un tiempo fijo ni una forma correcta. Cada persona lo vive de manera diferente y a su propio ritmo.

Lo que sí sabemos es que el duelo que no se elabora no desaparece. Se instala. Se convierte en tristeza crónica, en dificultad para seguir adelante, en una presencia constante que impide vivir el presente.

La terapia no acelera el duelo ni lo elimina. Lo acompaña. Ayuda a darle un lugar a lo que se ha perdido para que pueda seguir viviendo quien continúa.

¿Cómo trabajamos el trauma y el duelo?

Con cuidado y sin prisa. Antes de cualquier intervención evaluamos en profundidad qué pasó, cómo afectó y cómo está afectando ahora. No forzamos ningún proceso.

Para el trabajo con trauma utilizamos enfoques terapéuticos con respaldo científico específicamente diseñados para este tipo de trabajo: EMDR, terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma y terapia de procesamiento cognitivo, entre otros. Son enfoques que permiten trabajar experiencias difíciles sin necesidad de revivirlas de forma innecesariamente dolorosa.

Para el trabajo con duelo utilizamos enfoques que ayudan a integrar la pérdida, a encontrar un lugar para lo que ya no está y a reconstruir el sentido cuando una pérdida lo ha sacudido todo.

Una cosa importante.

El trabajo con trauma requiere un entorno seguro y un ritmo que respete el de cada persona. Nunca forzamos el proceso ni pedimos que se cuente más de lo que la persona está preparada para contar. El control siempre es tuyo.

Atendemos de forma presencial en nuestra consulta de la Avenida Príncipe de Asturias 2, local 3, 30107 Guadalupe, Murcia, y de forma online para personas en cualquier punto de España y el extranjero. Teléfono: 665 692 132.