Quién soy
Soy Juan Flores, psicólogo, docente universitario y director de Juan Flores Psicólogos, en Guadalupe, Murcia.
Cordobés, que es una forma muy particular de ser andaluz, llevo desde 2012 construyendo en Murcia mi vida profesional y personal, y sigo tan convencido como el primer día de que a esto me dedico porque me gusta, no porque lo haya planeado.
No soy un gurú ni pretendo serlo. Soy una persona normal que se ha tomado en serio su trabajo, que sigue estudiando porque entiende que el día que deje de hacerlo dejará de ser útil a sus pacientes, y que cree que la honestidad —incluso la que incomoda— es parte esencial de cualquier proceso terapéutico.
Tengo seis hijos, una mujer también psicóloga, y la firme convicción de que el sufrimiento no es algo que haya que eliminar a toda costa, sino algo que hay que aprender a sostener cuando merece la pena.
Mi enfoque como psicólogo
Trabajo desde una perspectiva existencial e integradora. Eso significa que cuando alguien llega a consulta no busco solo reducir síntomas, sino entender qué está pasando en la vida de esa persona concreta: qué decisiones ha tomado, cuáles ha evitado, qué sentido tiene lo que vive y cómo se relaciona con todo ello.
El diagnóstico es una herramienta de comunicación, no una etiqueta que defina a nadie. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden necesitar abordajes completamente distintos, porque su historia, sus valores y su forma de estar en el mundo son únicos.
Me interesa especialmente la dimensión existencial del malestar: el vacío, la falta de propósito, la ansiedad que aparece cuando uno lleva años viviendo una vida que no ha elegido del todo. No es algo que aparezca en el DSM 5 TR con ese nombre, pero está en consulta constantemente, y creo que ignorarlo empobrece cualquier proceso terapéutico.
Trabajo con evidencia científica. Mi formación terapéutica abarca la terapia cognitivo-conductual, la terapia sistémica, el psicoanálisis y las terapias existenciales. No trabajo desde un único modelo porque ninguno tiene el monopolio de la verdad clínica. En función de quién tengo delante, de su situación concreta y de la evidencia científica disponible, aplico el enfoque que mejor se ajusta a ese caso. A veces eso significa exposición con prevención de respuesta; otras veces significa explorar el sistema familiar; y otras, trabajar el sentido de lo que esa persona está viviendo. El paciente no tiene que adaptarse al modelo: el modelo se adapta al paciente.Si alguien necesita medicación, lo digo. Si necesita exposición, la hacemos. Y si lo que necesita es confrontar que lleva veinte años viviendo para otros, así lo hacemos.
Tres ideas que guían mi práctica:
- El problema no es sufrir. El problema es sufrir para nada.
- No tomar decisiones también es una decisión, y tiene consecuencias.
- La autoestima no se construye con frases motivacionales, sino con una identidad sólida y compromisos reales.
Mi trayectoria docente
Llevo más de una década impartiendo docencia universitaria. Actualmente soy profesor en la UCAM, donde imparto clases en el Grado en Psicología, en el Máster en Psicología General Sanitaria y en el Máster de Traumatología del Deporte, incluyendo psicopatología y terapias psicológicas.
En el aula intento hacer lo mismo que en consulta: que la persona que tengo delante piense, cuestione y entienda. No me interesa que los alumnos memoricen teorías; me interesa que salgan con criterio clínico y con la honestidad suficiente para reconocer lo que saben y lo que no.
Creo que para ser buen profesional de algo hay que conocer su historia. Por eso dedico tiempo a contextualizar: desde Freud hasta Frankl, pasando por Adler, Heidegger o Yalom. Entender de dónde viene cada idea es la mejor vacuna contra las modas, contra los absolutismos teóricos y contra la tentación de convertir un enfoque en una religión. Lo que hoy se presenta como revolucionario casi siempre lleva décadas escrito. Saberlo da perspectiva, y la perspectiva evita que el clínico se aferre a un único marco como si fuera la única verdad posible, y, lo peor, que quiera meter al paciente en el molde de su marco. Desde mi punto de vista, lo importante no es llevar razón sino ver desde qué perspectiva en concreto se le puede ayudar actualmente.
Y sí, tengo el síndrome del impostor. Lo considero una ventaja: me obliga a seguir estudiando.
